La historia de cómo conseguí aceptar la ansiedad

 En PSICOLOGÍA

Ansiedad, bienvenida a mi vida.

Quizá no es el principio que esperabas pero, como todo en la vida, la ansiedad también tiene una lectura positiva.

En las próximas líneas lo que vas a leer es una historia 100% real, llena de alma y corazón, mi historia con la ansiedad.

Te dije que compartiría esta historia y aquí estoy, delante del teclado, con una taza de infusión orgánica parisina llamada Be cool, la vela «Tea & Lemongrass» de Natura encendida, una cabeza de Buda mirándome (aprovecho para recomendaros el libro Buda de Deepak Chopra) y un cuadro en el que está escrito «Live with no limits» (quien me conozca sabrá que esta frase para mí es un mantra).

Ansiedad. Aceptar.

La ansiedad se cuela en mis sueños.

Han pasado quince años y lo recuerdo como si fuera ayer.

Eran las doce y pico de la noche, en el salón estaban mi madre y mi hermano viendo OT 1 mientras yo dormía en la cama.

De repente, me desperté abruptamente, sin ningún porqué. No podía respirar, estaba hiperventilando.

La ansiedad se había colado en mí, y yo sin saberlo.

Llamé a mi madre y bajo un diagnóstico rápido por mi parte de asma (nunca había tenido) fuimos a las urgencias del hospital. Me temblaban tanto las piernas que tenía que ir agarrada a mi madre para llegar al coche.

Recuerdo perfectamente cómo era la sala de espera antigua de infantil del Gregorio Marañón.

Después de hacerme la exploración inicial y ver lo que era me dieron una bolsa para respirar a la vez que me colocaban en el dedo el aparato para medir el oxígeno. Con ello querían que yo misma viese que no me estaba ahogando, que tenía el oxígeno que tenía que tener.

El diagnóstico estaba claro: crisis de ansiedad. ¡Y ahí empezó la fiesta!

Ansiedad. Aceptar. Dormir. Sueño

 

AL DÍA SIGUIENTE

No recuerdo la llegada a casa ni el resto de la mañana siguiente.

La primera imagen que se me viene a la cabeza es de mí, sentada en el wc del bar que en aquel entonces tenía mi madre, llorando.

No entendía nada. ¿Por qué de repente, sin motivo aparente, me ponía a llorar así? ¿Qué me estaba pasando? ¿Por qué una crisis de ansiedad? y ¿Por qué a mí?

Me angustiaba pensar en volver al colegio simplemente por el hecho de volver a tener ansiedad y no poder controlarlo.

Por acortar un poco la historia os voy a contar cuál fue la decisión que tomamos: iría a ver al psicólogo del colegio.

Sin tener ni idea de nada de psicología me pareció una estupenda opción.

Vale, os voy a confesar qué es lo que le dio puntos extra a este entusiasmo.

Para que os pongáis en situación, son las tres de la tarde y te toca clase de religión. Elige, ¿te bajas a charlar con una persona o te sumerges después de comer en las explicaciones soporíferas de las distintas religiones? (¡con lo interesante que me parecía a nivel cultural y lo mal planteada que estaba esta asignatura a nivel académico!)

Ya sabéis la respuesta.

¡Vamos al psicólogo!

Miguel, el psicólogo del cole, ya sabía qué era lo que me pasaba. Tuvo una primera reunión con mi madre en la que ella le explicó toda la situación y el diagnóstico de ansiedad que me habían hecho.

Todavía me veo corriendo por las escaleras, feliz de ir a aquel despacho (aunque olía a tabaco que apestaba) a hablar de mis cosas.

Si mal no recuerdo estuve algunos meses bajando al despacho, una hora por semana.

Desde luego fue una muy grata experiencia. De ahí salieron algunas primeras cosas, entre ellas el sentimiento de soledad.

 

LA SOLEDAD EN LA ANSIEDAD

Probablemente estés pensando que lo de la ansiedad es (perdona mi vocabulario) una putada, ¿verdad?

No me extraña, con el panorama que te estoy mostrando no es para menos.

Para mí en esta época (seguimos en los catorce años) el concepto de ansiedad ni siquiera existía en mi vocabulario.

No pude racionalizarlo como ansiedad porque no lo entendía (os adelanto que el inicio de la carrera como psicóloga, sorprendentemente, no tiene que ver con esto).

Una puede estar rodeada y, por circunstancias conocidas o desconocidas, sentirse sola.

Quien conoce a mi madre sabe que es una mujer de las de capa roja en la espalda o escudo a lo Wonder Woman.

Por circunstancias de la vida tuvo que montar un bar y fue en este hecho (más bien en el de pasar más tiempo yo sola) donde marcamos el punto de inicio de mi soledad en la ansiedad.

Ahora sé que no fue así, esa era la parte visible, lo tangible.

Me encanta estar sola, me hace disfrutar de mí y dedicarme tiempo. Igual que me encanta el silencio.

Mi soledad era mucho más profunda. Estaba ligada al sentir, no al estar.

Después de trabajar la ansiedad con el psicólogo del colegio parecía que todo iba viento en popa. ¡Error! La ansiedad sólo se había quedado dormida.

Ansiedad. Aceptar. Soledad

La reaparición de la ansiedad.

En este momento tengo 20 años. Estoy en 3º de carrera (Psicología), en 1º de Grafología, dando clases de baile a niños y además me he apuntado a las oposiciones de la escala básica de la Policía Nacional.

Por eso cuando me dicen aquello de «No tengo tiempo» casi siempre suelo contestar: ¿en qué lo estás perdiendo? Porque está claro que cuando me pronuncian esa frase lo pierden, no lo invierten.

Yo también he perdido, que no invertido, tiempo en mi vida. Ahora si lo pierdo ya no me engaño con un «No he tenido tiempo».

No sé si te ha llegado a pasar, pero ¿conoces la sensación de ser un interrogante humano?

Eso fue lo que volvió a disparar la ansiedad. Eso y mi rol de Salvadora (a lo Emma Swan en Once upon a time) respecto a la vida de los demás para no ocuparme (inconscientemente, por supuesto) de la mía.

¡Ahora sí que empieza la fiesta de verdad! Empiezo terapia (no las charlas del cole) y medicación…

 

PRIMERA PSICÓLOGA

Ésta es una de las cosas que me preguntáis con frecuencia, por eso estoy pensando en hacer una guía que englobe los tips más comunes de personas que hemos hecho nuestro trabajo personal con un terapeuta.

Mientras hago esto déjame decirte que lo de buscar en Google es (casi) un error.

En la era de la tecnología tenemos mucha información al alcance de nuestra mano. Tanta que gran parte de las veces nos abruma y no sabemos distinguir derecha de izquierda.

Este no fue mi caso, pedí recomendación a la psicóloga de una persona cercana.

Voy a resumírtelo para que esto no se convierta en la historia interminable: no me sentía cómoda en terapia.

Era de una corriente que poco tiene que ver conmigo. Su marcada distancia hacía que en ocho-nueve meses hubiera hecho la mueca de sonreír sólo un par de veces (¡con lo salerosa que soy yo!).

Teniendo en cuenta que me gusta la cercanía y disfruto y utilizo mucho el humor, ¿en qué me había metido?

Iba una hora a la semana y ella insistía en hacer una o dos sesiones más por semana, aún comunicándole vez tras vez que no era posible.

No sé si tiene que ver con la corriente, el tema de la frustración, pero desde luego hizo que me sintiera tan incómoda que dejase de trabajar con ella.

 

¡Bienvenido a zombielandia!

Aquí los datos me bailan un poco en cuanto a fechas, tiempo de medicación (en total algún que otro año entre unos medicamentos y otros, más el quitártelos).

Anisedad. Medicación. Psicología

 

PRIMER CONTACTO CON LA MEDICACIÓN

La doctora de cabecera me puso un primer medicamento, Heipram (no recuerdo la dosis) sin hacer el efecto que necesitaba.

Un mes después aproximadamente, al no haber conseguido el efecto, me pasó a Lexatin 1’5 mg.

Si piensas que la cosa se quedó aquí espera, que todavía falta la cita con el psiquiatra.

 

PSIQUIATRA

Voy a intentar contarte esta parte sin indignarme/enfadarme/calentarme mucho (aunque no te prometo nada, lo siento).

Vas al psiquiatra, te hace una exploración inicial y de buenas a primeras te calza un diagnóstico que no tiene nada que ver. ¿CÓMO ES POSIBLE?

Imagínate que te hacen 10 preguntas y de esas 10 tienes que contestar unas 4 o 5 afirmativamente. ¿Cómo es posible que por un o medio sí me dijeran «Tienes X trastorno»?

En este caso no pienso en mí, que con el humor que me caracteriza y contando con que estaba en 3º o 4º de carrera me reí un buen rato.

Pienso en aquellas personas que van desesperadas, sin ningún conocimiento y les plantan una etiqueta que ni siquiera entienden.

Van a salir de la consulta, lo van a buscar y van a flipar (no en la versión divertida).

Total, que con mi súper diagnóstico (echa una carcajada ahora si quieres conmigo para destensar la situación) me voy a casa con la siguiente pauta:

  • Lexatin 1’5 mg (3 veces al día)
  • En vez de Heipram me lo cambian a Xeristar 30mg (no recuerdo la pauta de cuántas veces al día)

Y fin.

Supongo que a estas alturas ya te habrás dado cuenta que la medicación no desenreda los dolores emocionales, los cubre.

 

PSIQUIATRA VOL. 2

Digamos que en este momento estaba que me subía por las paredes, haciendo torbellinos como el demonio de Tazmania.

En una de las revisiones me cambia mi psiquiatra la pauta por esta otra maravilla (entiéndase la ironía):

  • Lexatin 3mg (3 veces al día)
  • Xeristar 60mg (no recuerdo la pauta)
  • Rocoz 200mg (para dormir, una por la noche)

Imagínate el primer día que me tomo todo esto, sólo podía abrir los ojos para comer y gracias.

Mi enfado con la psiquiatría es la despersonalización y las pocas ganas (hablo en términos generales, me consta que hay profesionales muy buenos) que tienen de trabajar realmente con la persona.

Me han llegado a contar que un psiquiatra mandaba, palabras textuales de él, «tomarse las pastillas para la motivación«.

En serio, ¿DE QUÉ ESTAMOS HABLANDO?

Si te preguntas si estoy en contra de la medicación mi respuesta es no, pero con responsabilidad.

Hay un ansiolítico que se llama Orfidal que yo tengo en casa por si en una de estas circunstancias en las que se alinea toda la vida, tengo de repente un shock emocional muy fuerte, se dispara la ansiedad sin poder controlarla en ese momento y me lo tengo que tomar.

Por favor, te voy a pedir que vuelvas a leer el párrafo anterior. ¿Verdad que se tienen que dar circunstancias excepcionales para que recurra a ella? Medicación con responsabilidad, es lo único que pido.

Tenía que hacer algo con este panorama de ansiedad que no fuera seguir medicándome hasta las cejas, así que decidí hacer un round 2 de terapia.

Vuelta al psicólogo.

Empieza a respirar tranquila/o porque ahora viene la parte buena, sin ironías: la del trabajo, orgullo, dedicación y, sobre todo, AMOR (y humor).

A ver si esto no queda como el típico chiste del inglés, el francés y el alemán. ¿Te acuerdas que te dije que pedí a una persona que pidiera a su terapeuta una recomendación?

Resulta que esa terapeuta se la pidió a su vez a otra terapeuta que resultó (lo supe al cabo del tiempo) ser la mía final. ¡Qué emoción!

 

MIS SÍNTOMAS EN LA ANSIEDAD

El cuerpo es sabio, pero que muy sabio y también habla.

No sé si eres consciente de ello. A mí personalmente me costó mucho trabajo escucharme, de hecho, esa fue mi principal tarea en todo mi proceso de autoconocimiento.

Cuando el cuerpo habla, hay que escucharlo. Y sé por propia experiencia que no lo hacemos (o no todo lo que sería el mínimo beneficioso para nosotros).

Los resultados de mis «habla chucho que no te escucho» con el cuerpo fueron los siguientes:

  • Vómitos.
  • Hiperventilación.
  • Taquicardias.
  • Suspiros.
  • Pérdida de apetito.
  • Ruido/energía en el cuerpo (lo que yo llamo «tener a millones de enanitos corriendo por dentro de tu cuerpo». Nada agradable, por cierto)
  • Hormigueo en manos y pies.
  • Sensación de «desmayo».

Cada persona reacciona de una forma y  dentro de las más comunes creo que las he experimentado casi todas.

Antes de que tengas las reacciones más virulentas suelen haber minireacciones que te empiezan a señalar dónde poner el foco.

El mecanismo es muy sencillo, ¿me escuchas? Lo solucionas. ¿No me escuchas? Te envío la señal aún más fuerte. ¿Sigues sin hacerme caso? Tú lo has querido, ¡crisis de ansiedad! ¡PUM! Te revienta, casi literalmente, en la cara.

 

TRABAJO CON MI PSICÓLOGA

Sin duda, el trabajo con mi terapeuta fue lo que a Rose en Titanic la tabla de madera, una salvación.

Y lo más maravilloso de todo es que la salvación fui yo misma, yo hice el trabajo, yo pude cambiarlo.

Gracias al acompañamiento de mi psicóloga pude dejar de decirle a mi madre de hacer una fiesta cuando terminara todo, o ver a la gente en el metro camino a mi sesión semanal y pensar «Ojalá yo pudiera sentirme así de tranquila como esa persona».

Reconocí vértigos y miedos que alimentaban toda esa ansiedad. Me aprendí a mi misma. Conseguí abrazar y aceptar la ansiedad, no asimilar o resignarme a ella.

Aprendí a darle su espacio. También aprendí a estar donde quiero estar, rodeada de la gente que suma.

Conseguí empezar a fluir, que el concepto está muy bien y llevarlo a la práctica es más «complicado» de lo que parece.

Cerré capítulos que tenía que cerrar y abrí otros muchos. Dejé la espada de la justicia a un lado y aprendí a ver lo que tenía alrededor (aunque la justicia siga siendo un valor importante en mi vida).

Entendí que el camino puede desviarse, y que eso no significa un retroceso. Que la vida es orgánica, no lineal.

Aprendí, aprendí, aprendí… Y nunca acabaría.

Pero si hay algo que APRENDÍ en mayúsculas es a ESCUCHARME. Practiqué (y lo sigo haciendo) la autocompasión. A abrazarme en vez de castigarme.

Convertir los errores o fracasos en valiosas enseñanzas. A que la vida es absolutamente maravillosa. Y está llena de abundancia.

Que las emociones que etiquetamos como negativas tienen su función, y que también hay que abrazarlas.

 

CORAZÓN AGRADECIDO

Soy de las personas que ponen toda la responsabilidad del éxito en sus clientes (porque así lo siento 100% con el corazón). Sin embargo, no sé si te resultara algo contradictorio que, como cliente, diga que, sin lugar a dudas, mi psicóloga me cambió la vida.

Permíteme que utilice este apartado para mandar un mensaje a todas las personas que confiaron en mí para hacer su proceso y a las que, a día de hoy, siguen confiando. Sólo tengo una palabra para vosotros: G R A C I A S.

Valientes como vosotros son los que dan sentido a esta profesión.

Ansiedad. Aceptar. Agradecida. Gracias

¿Cómo es mi vida ahora? 

Feliz. Sé que te puede sonar a tópico, pero es la realidad.

Me encanta la vida que tengo y cómo la vivo. Comprendí que en esta búsqueda infinita de la felicidad por parte del ser humano lo único que se hace es no vivirla. Buscas la felicidad, no la vives.

Con mi saco de herramientas creadas (y otras aprendidas) y mi súper mochila vital en la espalda voy paseando por mi vida, tomando muchas decisiones.

¿Y sabes qué? Cuanto más decides, más decisiones tomas (y llevas a cabo) y, sobre todo, mejor.

He encontrado eso que llamamos coherencia interna, es decir, estoy alineada con lo que pienso, siento y hago.

Como aprendí a escucharme hace tiempo ya no me hacen falta las crisis de ansiedad cada 2×3. Ahora siento las pequeñas señales que me indican que el camino que estoy recorriendo no es el que realmente quiero andar. Y soy la única responsable de cambiar el rumbo.

La única responsable de mi vida. Y eso, querido/a lector/a, se llama libertad.

Formo parte, como dice Vanesa Martín, de este maravilloso baile al que llamamos vida.

 

Conclusión.

La mejor inversión que vas a poder hacer en la vida es invertir en ti mismo.

Como dice Stephen Covey: «Esa es la inversión más poderosa que está a nuestro alcance en la vida: la inversión en nosotros mismos, es el único instrumento con que contamos para vivir y realizar nuestra aportación«

Te animo a que dejes aquello que te está frenando a un lado y te pongas manos a la obra.

Quiero regalarte otro artículo que he escrito sobre los 4 obstáculos que no te dejan pedir ayuda para cambiar tu vida, si estás en ese baile de dudas seguro que te resultará útil.

Aunque en este artículo me he centrado en la ansiedad,  déjame decirte que cualquier cosa mal/poco/no trabajada siempre vuelve. Siempre es siempre.

Ahora que ya he terminado de contarte mi historia sólo quiero pedirte un favor (o dos).

Uno es que, si te ha gustado, lo compartas en tus redes sociales. La razón de haber hecho este artículo tan a corazón abierto es ayudar a que todo aquel que se encuentre en un momento de vulnerabilidad se sienta acompañado.

La segunda es que me encantaría leerte en comentarios 🙂  Saber si tú has tenido alguna experiencia con la ansiedad y cómo lo has vivido.

A ti, que me has leído hasta el final, te abrazo muy fuerte.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Mostrando 24 comentarios
  • Sara Martín
    Responder

    Gracias a ti por tu mensaje, Maru.
    Esa es la lectura que he querido mostrar de todo esto: si (te) trabajas con un profesional la ansiedad, que parece indestructible, se transforma.
    Sólo hay que querer hacerlo y dar el paso.

    Un abrazo

  • Javier Rincon
    Responder

    Un artículo muy valiente Sara, a corazón abierto , tengo la grandísima fortuna de no haber tenido nunca que encontrarme personalmente en esa situación pero si la he vivido en personas muy cercanas y es desgarrador ver el sufrimiento que emana de la persona con una crisis de este tipo.

    Y parece un tema que se tapa socialmente , parece que es avergonzante decir que tienes , que sufres, crisis de ansiedad . Por eso Sara es tan importante contar estas cosas con la naturalidad con la que lo haces . Muchas gracias 😊

    • Sara Martín
      Responder

      ¡Muchas gracias, Javi!

      Me alegra mucho saber que el mensaje ha llegado alto y claro.
      Como bien dices, es desgarrador en muchísimas ocasiones.
      Aparte de lo «vergonzante» a nivel social también se ha creado una situación de normalidad que no lo es.
      Tener ansiedad sin un estímulo peligroso no es normal y no es adaptativo. Por eso hay que trabajarlo.

      Las personas con ansiedad pueden transformarla si lo trabajan, sólo tienen que dar un paso al frente.

      Un abrazo grande 🙂

  • Ana
    Responder

    «A abrazarme en vez de castigarme.»
    Al leer esta frase, he sentido un «click» dentro de mí. Gracias por compartir tu historia. Me va a ayudar mucho, a mí y a muchos otros sin duda.
    Muchas gracias de corazón!

    • Sara Martín
      Responder

      ¡Qué alegría leer eso, Ana!
      El fin es ese así que me siento súper feliz con lo que me has escrito.

      Haz esa frase todo lo tuya que quieras, te la regalo 🙂

      Un abrazo grande, y a por ello

  • Bea
    Responder

    Trabajo en sanidad, y vivo muy de cerca el “pastilleo” excesivo con el que se trata la ansiedad, enmascaran el problema y crean zombies andantes. Una pena… porque como bien díces en éste maravilloso artículo lo único que hay que hacer, es conocerse a uno mísmo y escuchar al cuerpo 😊.
    Yo no sufro de ansiedad, (cosa que agradezco!) pero si que he recurrido a una terapeuta por otros motivos y que bien hice en ir!!! Ahora me conozco mejor, y como tu díces, se escuchar a mi cuerpo!
    Gracias por éste artículo cuidado con tanto mimo. Siempre es un placer leerte 😊

    • Sara Martín
      Responder

      ¡Cómo me ha alegrado leer tu comentario, Bea!
      No por la realidad que es y sí porque ya es hora de alzar la voz con este tipo de cosas. Y que mejor que una persona que por su profesión también lo vive de cerca.

      A nivel social todavía seguimos asociando al terapeuta con una patología clínica (ansiedad, por ejemplo) y hay otras muchísimas cosas por las que ir, para empezar, como bien dices, para conocernos.

      ¡Qué felicidad tus palabras!
      Gracias por compartir tu experiencia por aquí 🙂

      Un abrazo súper grande

  • Virginia
    Responder

    Qué maravilla que compartas así tu historia Sara, seguro que va a ser impulso de muchísimas personas … Yo también transité la ansiedad, con idas y venidas, bajadas y subidas… Muy poco a poco conseguí integrar a nivel profundo ese mensaje de «A lo que te resistes, persiste» y sentir realmente esa resistencia, esa no aceptación y hacerme amiga de mi ansiedad, dejarla transitar por mi cuerpo sin hacerla más grande sino dejándola estar y escuchando sus mensajes… Comencé a escribir también mi historia en un cuaderno que titulé «Ansiedad, vivamos en paz»… Leerte me inspira a publicarlo también 😉
    Mi enhorabuena por darle con tu artículo más visibilidad y normalidad al encontrarse así, yo durante mi etapa activa de ansiedad lo escondí al máximo escondiéndome yo a la vez con ella… La no aceptación bailando con la vergüenza… Ahora lo veo con cierta distancia y también con cierta ternura, una especie de regalo-proceso donde mi crecimiento personal ha sido increíble… Una oportunidad para conectar con nuestro Ser más profundo :)) Gracias por compartirlo así, me has removido y emocionado! Y mis mejores energías para quienes estéis navegándolo! Un abrazo!

    • Sara Martín
      Responder

      ¡Gracias a ti Virginia por compartir tu historia así por aquí!
      La frase que mencionas, «A lo que te resistes, persiste», es la clave. Igual que lo escondes (o por lo menos intentas esconder) tampoco se va con el paso de la vida.
      Se ancla, se clava y a veces hasta se «calcifica». Por eso es tan importante sanar los dolores emocionales, darles visibilidad.
      Creemos que si no les hacemos caso, se irán. Nada más lejos de la realidad.
      Si no les haces caso se quedan y, además, crecen.

      Si publicas lo que escribiste no dudes en decírmelo, me encantaría leerlo 🙂

      Te mando un abrazo gigante!

  • Carlos Jesús
    Responder

    Buenas Sara,
    Yo quería abordar el tema de la ansiedad cuando sufres una ruptura con una pareja. A esta situación hay que añadirle una baja autoestima y confianza junto a anhelo hacia la persona.
    ¿Qué aconsejarías?

    Muchas gracias y saludos

    • Sara Martín
      Responder

      Hola Carlos Jesús,

      Lamento no poder ayudarte así.
      El único consejo que puedo darte es que con la acumulación de factores que me has comentado (ruptura sentimental, baja autoestima y baja confianza), si realmente quieres sanarlo, trabajemos juntos en terapia.

      Imagínate que vas al médico, le dices que te duele la tripa y sin explorarte te receta X medicamento. Resulta que esos dolores de tripa tienen que ver con que eres celíaco y por no haberte explorado no lo han descubierto hasta meses-años más tarde.
      Los consejos que me pides van en la misma línea. No te conozco, no conozco tu historia, no conozco tus contextos, tus emociones…
      Y aun sabiendo todo no te daría ningún consejo, trabajaría contigo para que seas tú mismo el que encuentres las opciones y soluciones 🙂 Esa es la magia de la terapia.

      Un saludo

  • Laura
    Responder

    Muchas gracias por abrirte a nosotros. Compartir siempre es muy generoso porque además de que una se siente mejor ayudas a los demás. Como bien relatas puede surgir desde muy joven y sin ningún motivo……….al igual que la depresión. En mi caso si hubo un motivo que fue el diagnóstico, enfermedad y pérdida de mi padre que para mi era un pilar fundamental, vas al médico por casualidad te hacen una prueba tonta………..más pruebas……..y te dicen que le queda muy poca vida…me recupero dentro de lo que es una pérdida de un ser querido obviamente y a los tres años le diagnostican la enfermedad a mi hermana….diferente como dice la oncóloga, porque hay más de 200 tipos…pero tengo que volver al mismo sitio… hoy día mundial contra el cáncer…ojalá no den la espalda a esta enfermedad porque es un lastre, los medios de comunicación nos cuentan lo que ellos quieren, y es un verdadero problema porque destroza familias, sueños y vidas. Mi ansiedad viene cuándo tengo que volver al mismo Hospital, las pruebas, visitas a la oncóloga,
    Un abrazo Sara,

    • Sara Martín
      Responder

      Hola bonita!

      Gracias por compartir por aquí tu historia.
      Con este artículo lo único que pretendo es darle visibilidad a algo que tuve que afrontar hace mucho tiempo, así que que vosotros también compartáis fragmentos de vuestra historia (comienzos, cómo os sentisteis etc) ayuda a completar el artículo 🙂

      Mucho ánimo y fuerza con lo de tu hermana.

      Un abrazo!!

  • Gabriel jimenez
    Responder

    Gracias por compartir tu experiencia, yo vivo cada día esos episodios de ansiedad no de mi parte, pero si en el entorno en el que me rodea por que soy estudiante de medicina y gracias a tu artículo pude entender mejor este tema de la ansiedad…
    Muchas gracias !

    • Sara Martín
      Responder

      ¡Muchas gracias, Gabriel!

      Es estupendo que sin dedicarte a esta rama concreta (Psicología) puedas acercarte más a lo que es un problema social muy común.
      Me alegra mucho saber que mi historia te ha ayudado a comprender más de cerca la ansiedad.

      Un abrazo!

  • Jose
    Responder

    Ansiedad y que es eso?una palabra hace 20 años jamás escuchada y totalmente desconocida,al leerte han venido cosas a la cabeza que no recordaba pero que siguen ahi,pero como bien dices cuando uno se crea sus propias herramientas y un buen profesional te da unas buenas pautas en momentos asi,realmente te transformas y te das cuenta de que es uno mismo el que tiene el poder de salir de todo esto.
    Muchas veces nos asusta como es nuestra mente de poderosa.
    Gran articulo,mi enhorabuena y es un placer leerte.

    • Sara Martín
      Responder

      Hola Jose!

      Has dado en el clavo, es uno mismo el que tiene que trabajarlo. Con ayuda de un profesional, por supuestísimo, pero el trabajo es de uno.
      Porque además así es como se hace en terapia.
      ¿Te imaginas que la persona con la que estás trabajando te diera todo hecho? Ante un nuevo acontecimiento de similares características probablemente estarías casi en el punto de partida otra vez.

      Como bien dices, la mente es muy poderosa, por eso trabajando en ella (día a día, aunque ya hayas superado cualquier obstáculo inicial por el que empezaras a trabajar) podemos conseguir grandes cosas, como por ejemplo sernos fieles a nosotros mismos y vivir como queremos vivir.

      Un abrazo fuerte!

  • Ana Maria Pacheco Yuste
    Responder

    Soy Ana y tengo muchísima ansiedad desde hace 10 años me diagnosticaron bipolar tipo 2 hace dos años me separe mi marido no entendía mi enfermedad y me fue infiel durante 4 largos años al enterarme me separe tomo 4 pastillas x la mañana 1 al medio día y 4 x la noche voy a psiquiatra y psicóloga pero no soy capaz de superarlo estoy encerrada en mi mundo tengo dos hijas de 20 y 15 solo se q pensar xq me ha pasado ami y no enterarme antes de la infidelidad solo se q darle vueltas a mi cabeza he cambiado de pastillas un montón de veces y me he gastado un dineral en psiquiatras y psicólogos no soy capaz de dar un paso adelante me cuesta la misma vida dar el paso de salir y divertirme me dieron la incapacidad total permanente no puedo trabajar en nada me gustaría un montón poderme ofrecer tu ayuda ya q tu has pasado x la tortura q es la ansiedad tengo 48 años y vivo sola con mis dos hijas q me Dan fuerza para levantarme todos los días espero una respuesta tuya te lo agradecería muchísimo gracias de antemano

    • Sara Martín
      Responder

      Hola Ana!

      Siento en la situación en la que te encuentras actualmente.
      Si te parece, voy a coger el e-mail que has puesto para poder escribirte allí mejor que por aquí.

      Un abrazo!

      • Ana Maria Pacheco Yuste
        Responder

        OK muchas gracias

  • María Soto
    Responder

    La primera vez que me enfrenté a la ansiedad, tan desconocida para mí, fui al médico de cabecera porque no me entraba aire en los pulmones. Recuerdo que dijo, – tienes ansiedad, y yo -No no, si a mí lo que me pasa es que no me entra el aire, es algo pulmonar…
    Gracias por compartir tu experiencia, como tú, no estoy de acuerdo con la sobremedicación. Es necesario más terapia y menos pastillas.
    ¡Gran artículo Sara!

    • Sara Martín
      Responder

      Gracias por compartir tus inicios aquí, María 🙂
      Es un poco como el mío… ¿ansiedad? ¿eso qué es?

      «Más terapia y menos pastillas», me la guardo.

      Un abrazo grande!

  • Pilar
    Responder

    Hola SARA:
    Es importantísimo conocerse uno mismo y a la vez súper difícil. Te pasas la vida haciéndote la fuerte, acostumbrándote a qué las cosas que no te hacen feliz se conviertan en rutina sin saber que te está pasando, ansiedad, depresión.
    Eres muy valiente y con tú artículo sé que vas a ayudar a mucha gente, a mí me has ayudado mucho.
    Gracias

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